

La crisis hídrica en Querétaro ha alcanzado niveles insostenibles. No se trata de una alerta exagerada, sino de una realidad que se impone con datos duros y consecuencias tangibles. La provisión de agua que hoy sostiene a la población, la industria y el campo queretano depende en su mayoría de fuentes subterráneas, cuya capacidad de recarga ha sido rebasada desde hace años. En términos prácticos, el derecho humano al agua está en riesgo, y con ello también la seguridad alimentaria y la viabilidad del desarrollo económico.
Este escenario exige respuestas que no solo sean viables a corto plazo, sino verdaderamente sostenibles. Ya no basta con abrir nuevos pozos (el acuífero del Valle de Querétaro muestra ya signos de sobreexplotación) o trasladar el problema de una cuenca a otra. El agua que llega a la zona metropolitana de Querétaro a través del Sistema Acueducto II proviene principalmente del Río Moctezuma, específicamente de la presa Zimapán, Hidalgo, en la región limítrofe con nuestro estado. Esta agua recorre más de 100 kilómetros hasta llegar a la zona metropolitana de Querétaro, conduciendo aproximadamente 1,500 litros por segundo. Desde su inauguración en 2011 como una solución para garantizar el suministro de agua a largo plazo, ha cumplido cabalmente su función. Sin embargo, no es suficiente por sí sola para atender la demanda futura. Además, implica altos costos energéticos por el bombeo a lo largo del trayecto.
Necesitamos soluciones estructurales que rompan con la lógica extractiva y apuesten por un modelo circular del recurso hídrico: uno que recircule, regenere y preserve el agua como parte de un ciclo integral.
En ese sentido, el proyecto “Batán: Agua para Todos” representa un cambio de paradigma. Se trata de una iniciativa basada en la recirculación indirecta del agua residual, que pasa previamente por un cuerpo natural –la presa El Batán– antes de ser potabilizada. Este modelo no es una ocurrencia aislada: es similar al que ya opera en distintas regiones del país, como el sistema del Lago de Chapala que abastece a la Zona Metropolitana de Guadalajara o en la mismísima CDMX. La tecnología y el conocimiento ya existen; el reto es aplicarlos con responsabilidad, transparencia y visión de largo plazo.
Desde Coparmex reconocemos que el proyecto no está exento de desafíos técnicos, regulatorios y sociales, sin que esto lo percibamos como un impedimento y mucho menos como una falta de pertinencia. Por el contrario, creemos firmemente que dichos retos son una invitación a sumar capacidades para identificar los riesgos y gestionarlos con efectividad. La implementación del proyecto Batán deberá incluir protocolos robustos de supervisión del cumplimiento de estándares estrictos de calidad, trazabilidad y monitoreo constante, auditoría ambiental y comunicación pública con base en evidencia científica. De forma paralela, será clave avanzar en marcos regulatorios que faciliten este tipo de soluciones sin comprometer la seguridad hídrica y sanitaria. Esto implica actualizar normas, establecer criterios claros de operación y crear esquemas institucionales que garanticen una gobernanza hídrica efectiva y multisectorial.
Sabemos que no existen soluciones únicas ni tiempos perfectos, más requerimos voluntad y decisión para transformar una crisis en oportunidad, porque poner a México y a Querétaro a la vanguardia en la solución de los problemas, es nuestro deber como ciudadanos y como sector productivo.
En Querétaro, el momento ideal lo hacemos los Queretanos.
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